La cercanía de Aike me tiene mareada, una cosa que creo no pueda evitar nunca más, porque él sigue siendo tan embriagador como siempre, como si fuera una especia hecha exclusivamente para mis sentidos, capaz de hacerme decirle que sí a lo que sea que él quiera, más allá de mi voluntad que suele ser inamovible, de hierro, una que puede enfrentarse a viento y marea.
Excepto, a Aike, claro está.
Y es cuando tengo que poner toda mi fuerza de voluntad a prueba, porque hay cosas muy importantes por a