Capítulo 17

Unos acompasados ronquidos están susurrando en mi oído, lo que me hace abrir los ojos y me doy cuenta de que estoy aferrando un enorme brazo a mi pecho, el cual tiene un reloj en la muñeca y me doy cuenta de la hora.

― ¡Por Dios! ―le digo a Aike que está a mi espalda―ya tengo que ir a entrenar.

Pero él ignora mi preocupación y, en lugar de liberarme de sus brazos, me está dando besos tiernos en el cuello.

"Esto nos gusta", dice Aella muy feliz de que le hagan arrumacos

Johana Grettel

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