Ariam se sentía en una encrucijada. Por un lado, su cuerpo clamaba por volver con Derek y devorarlo a besos hasta que sus labios dolieran de placer. Por otro, su mente y su corazón le ordenaban mantenerse alejada, pues ya había sufrido demasiado.
La angustia que sentía en su pecho aumentó al ver a Derek salir de la casa sin siquiera despedirse de ella. Ariam se quedó allí, paralizada, tratando de decidir qué camino tomar. ¿Ceder a sus impulsos más profundos y entregarse a Derek de nuevo, o hace