—Hice que revisaran las cámaras. No estabas pasando por ahí por casualidad, ¡estabas esperando afuera del hotel! Así que sabías que Regi iba a perder al bebé ese día.
Gabriel apretó con más fuerza su agarre, y las venas del dorso de su mano se marcaron. El tirón le afectó una de las heridas a Maximiliano, quien palideció de dolor mientras un sudor fino le cubría la frente.
Aun así, mantuvo su actitud insolente y, con una voz que apenas disimulaba el dolor, habló disfrutando de la situación.
—Que