—Hice que revisaran las cámaras. No estabas pasando por ahí por casualidad, ¡estabas esperando afuera del hotel! Así que sabías que Regi iba a perder al bebé ese día.
Gabriel apretó con más fuerza su agarre, y las venas del dorso de su mano se marcaron. El tirón le afectó una de las heridas a Maximiliano, quien palideció de dolor mientras un sudor fino le cubría la frente.
Aun así, mantuvo su actitud insolente y, con una voz que apenas disimulaba el dolor, habló disfrutando de la situación.
—Que perdiera al bebé fue tu culpa. Quieres echarme la culpa a mí para no sentirte tan mal, ¿no? Pero a quien más odia es a ti. Ahora yo hasta quedé en segundo lugar. No importa cómo se perdió ese bebé, Regina nunca te va a perdonar. Me la quitaste, y ahora tú también perdiste.
—¡Te voy a matar!
Gabriel le dio un puñetazo. Maximiliano se quejó de dolor. Antes de recibir el segundo golpe, sonó un celular.
El sonido venía del bolsillo de Gabriel.
No tuvo más remedio que detenerse. Dejó caer a Maximili