A Regina se le agrió el humor en cuanto lo vio. Todavía dudaba si abrir la puerta cuando su celular vibró en el bolso. Vio que era él y rechazó la llamada. Se cambió los zapatos y, con un suspiro, abrió.
Le ofreció el termo que traía en la mano.
Regina bajó la mirada hacia el recipiente, pero no lo aceptó. Salió del departamento y cerró la puerta detrás de ella. Luego, levantó la vista para encararlo.
—Ya te dije. Tengo novio.
—Lo sé.
Al ver la indiferencia en su cara, el recuerdo de aquel video le provocó dolor. Gabriel ahora tenía muy claro a quién quería. Sonrió.
—Solo es tu novio. Significa que todavía tengo oportunidad.
Regina sonrió de manera sarcástica.
—Mi novio y yo estamos muy bien. No pienso cambiarlo por nadie, ¡así que ni te hagas ilusiones!
Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia el ascensor. Él la siguió. Ella lo ignoró. En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, entró sin dudar.
Él entró detrás de ella. Las puertas metálicas se cerraron lentamente, encerrándolo