Regina estaba fastidiada. Al recordar cómo Gabriel la había jaloneado frente a tanta gente, supo que volvería a ser el chisme del día. Lo peor era que un escándalo así podía arruinarle un buen negocio. Mientras más lo pensaba, más crecía su enojo, una frustración que le oprimía el pecho y no encontraba cómo desahogarse.
Sacó el celular y seleccionó la conversación con Sebastián Rivas, con la intención de contarle todo. Sin embargo, recordó el acuerdo de tomarse dos meses para calmar las cosas y,