Regina sabía que Gabriel era un hombre muy capaz, pero escuchar esas palabras de la familiar de un paciente la llenaba de un orgullo que sentía como propio.
Era su esposo.
«Es una persona muy buena», pensó con cariño.
Sabía que el hijo de la señora apenas tenía cinco años, así que sacó de su bolso las galletas caseras que había horneado y se las ofreció.
La mujer las aceptó con una sonrisa amable. Cuando las puertas del quirófano se abrieron, su cara se tensó y miró en esa dirección.
—¿Los famil