Una semana después de lo ocurrido en la empresa, especialmente en la filial Johnson Tech, Alex se encontraba en la tranquilidad de su habitación, aquel refugio momentáneo entre el caos que lo rodeaba, después de darse una ducha. Se sentía agotado; de hecho, ni siquiera había podido pegar ojo durante toda la noche. No podía dejar de pensar en Camila, en los trillizos y en el maldito Gabriel, que parecía no querer dejarlo en paz.
Mientras se vestía, su mente se perdía en un mar de pensamientos. R