CAPÍTULO 68 — Sinceridad inesperada.
—Alex —lo llamó Leo.
En cuanto había llegado al nosocomio, Leo se había bajado del vehículo y se había encaminado a la sala de urgencias, aunque no sabía si era allí donde encontraría a su amigo. No obstante, su intuición no le había fallado y lo encontró allí, sentado en una de las sillas azules de la sala de espera, con los codos hincados sobre sus rodillas y el rostro oculto entre sus manos.
Al escuchar la voz de su mejor amigo llamándolo, Alex alzó la cabeza y lo miró con los ojos enrojecid