Cuando llegó al hospital, Alex se bajó de su coche y se encaminó detrás de los paramédicos que llevaban a Camila hacia la sala de urgencias. La noche estaba fría y la iluminación del hospital creaba sombras alargadas que se movían con la actividad frenética.
Las luces parpadeantes de las ambulancias iluminaban el camino, y el sonido de los motores resonaba en el aire. Alex se apresuró a seguir a los paramédicos, sintiendo la urgencia y la preocupación crecer en su pecho mientras se acercaban al