CAPÍTULO 51 – Secreto al descubierto.
Cuando el taxista estacionó frente a la mansión, Camila le abonó el viaje y se bajó del coche, sin esperar el cambio.
Rápidamente, abrió la reja que la separaba de los jardines de la villa y se encaminó hacia la vivienda, con paso lento y vacilante, mientras la neblina que invadía su mente, la cual no había desaparecido por completo, se mezclaba con el peso de la vergüenza y la confusión. Cada paso que daba en dirección a la vivienda, era como un recordatorio de lo que había sucedido aquella no