Luego de varios minutos de viajar en silencio, Xavier, el chofer de Alex, estacionó el coche frente a una mansión, que, pese a su majestuosidad, era considerablemente más pequeña que la de Alex, aunque, aun así, era el doble de grande que la del padre de Camila.
Una vez que ambos se adentraron en la mansión, el mayordomo les informó que el señor y la señora estaban terminando de arreglarse, por lo que les pidió por favor que esperaran un momento en la sala.
Sin perder tiempo, Alex tomó a Camil