Las manos de él recorría su cuerpo sin dejar ningún espacio sin tocar, haciéndola estremecer y llenándola de esas sensaciones placenteras que solo él ha sido el causante.
De ella salían jadeos y gemidos incontrolables.
—¿Te gusta, no? Te gusta lo que soy capaz de logar con tu cuerpo—dice en su oído con ese tono ronco que hace que solo lo necesite más.
Ella es incapaz de emitir algún otro sonido que no sean de placer y él sonríe victorioso.
Su cuerpo anhelaba sentirlo completo y él parecía tener