La mañana llegó y con ella la resaca para Manuel.
Alex se levantó antes y preparó café fuerte para cuando él bajara, lo cual sucedió poco después. Con el cabello aún húmedo y ya totalmente vestido, Manuel se detuvo en la puerta de la cocina y miró a la chica.
—¿Puedo pedirte un favor? —dijo con voz ronca.
—Claro. Lo que quieras.
—Si vuelvo a tomar a esa velocidad, pégame un tiro, es más misericordioso. Se me está partiendo la cabeza y no bebí tanto. Es cierto que no acostumbro hacerlo, pero tam