Calvino
Pude sentir mi rostro brillar más de lo habitual cuando la puerta se abrió y dio paso a Clara, que lucía radiante como estaba esta mañana.
—Hola, cariño —dije arrastrando las palabras, haciéndole un gesto para que viniera a mis brazos. Con una sonrisa tímida, se sentó en mi muslo, rodeándome el cuello con el brazo y hundiendo la cara en él. La besé en la mejilla—. ¿Eres tú quien me extraña y te arrepientes de haber insistido en que fuera a trabajar en lugar de estar en la cama todo el d