Vicente
Me detuve en seco a la entrada del foso, sin aliento tras la carrera que había dado por el bosque. Clara estaba atada al banco como los últimos días, con la cabeza gacha y el paño que llevaba empapado en sangre. Ella es la culpable del dolor que sufre. Solo le pido que me suplique clemencia y la dejaré ir. Aun así, se mantiene firme y no cejaré en mi empeño de hacerla odiarse a sí misma. Además, me hizo perder un valioso terreno porque pensé que sería una luna perfecta, pero me equivoqué y es culpa suya por engañarme.
Me habría encantado ver hasta dónde aguantaba los azotes, pero Iván me advirtió que no hiciera nada que pusiera a la gente en mi punto de mira. Así que ordené que la llevaran al calabozo cada noche, pero que la devolvieran al foso y la ataran allí bajo el sol abrasador hasta el anochecer. Con una sonrisa maliciosa, me di la vuelta y me dirigí a la casa principal. Justo al entrar, un Iván con aspecto preocupado se abalanzó sobre mí.
“Ha vuelto y está enfadada”, an