Los meses pasaron volando, las niñas estaban creciendo cada vez más, Aidan, a pesar de su edad, estaba encantando con sus hermanas.
- Hola preciosa, ¿cómo están?- dijo Armando al llegar a casa.
- Cansada, no puede ser de otra forma- aunque sonreí me sentía agotada.
Me dió un beso suave en los labios, y me abrazó fuertemente.
- Deberías ducharte y descansar un rato, yo me haré cargo mientras duermes, te despertare en un par de horas ¿te parece?
Yo estaba más que encantada, Armando me apoyaba c