La boda finalmente había terminado.
Siguiendo a Victor hacia su casa, que estaba a solo unos pasos de la mansión familiar, Clarisse lo seguía como una sombra: silenciosa y sumisa.
El aire era pesado, cargado de un peligro invisible. Sentía su corazón latir como un pájaro enjaulado. Su mirada permanecía fija en el suelo, incapaz de levantarla, temiendo lo que podría encontrar en los ojos de su esposo.
Victor se detuvo al llegar a la sala.
Se quitó el traje de golpe y lo arrojó contra el suelo co