No escuché el resto de lo que dijo Marco.
O tal vez no dijo nada más.
No podía saberlo.
Porque las palabras *no coinciden* seguían resonando dentro de mi cabeza, más fuertes que el silencio que las siguió.
Mi ADN no coincide con el de mi padre.
La frase se negaba a asentarse.
Se movía dentro de mí como algo afilado, enganchándose en cada parte de mí que todavía quería negarlo.
No dije de nuevo, pero esta vez la palabra sonó más delgada. Más débil. Como si ya supiera que había perdido.
Marco se