Henrick recostó a Eloísa sobre la cama, y la miró intensamente por un par de segundos, antes de inclinarse nuevamente para apresar sus labios. No podía negarlo, los labios de la joven eran adictivos, lo supo desde el primer instante en que los había probado.
Eloísa suspiró en medio de aquel beso y se aferró al hombre que tenía encima. No quiso pensar mucho en lo que hacía y se dejó llevar por lo que estaba sucediendo.
Beso tras beso fue depositado sobre la piel de su cuello, los ojos de Eloís