—Malnacido—insultó la mujer entre dientes, con la clara intención de acercarse y darle su merecido con sus propias manos.
—Esto apenas empieza, Eloísa, mantén la calma—expresó Henrick indiferente, sentándose en una de las sillas con sus piernas cruzadas.
Para él, aquella parecía ser una situación normal. Al parecer, manipular y chantajear era en su persona una práctica recurrente.
—Adelante—concedió cuando alguien toco a la puerta de aquel cuarto de visitas.
Un hombre de edad avanzada entro a l