Lloró durante horas sin saber realmente qué sucedería, el temor por el destino de su amigo seguía latente.
«¿Qué pasaría con Christopher?», se preguntó Eloísa una vez más, mientras las lágrimas se escurrían.
—¡Por favor, abran!—siguió gritando a cualquiera que pudiese escucharla, sin embargo, nadie se compadecía.
De esa forma, la mujer se fue sintiendo cada vez más debilitada, sus piernas se doblaron hasta tocar el suelo, mientras sentía un ligero mareo.
Eloísa tocó su vientre y sintió una