Eloísa sintió que el mundo se paralizaba a su alrededor, de pronto era como si toda esa situación la superará por completo.
—Llévensela—ordenó Henrick con un tono de voz que le envió escalofríos por toda su columna vertebral.
«No puede ser, eso no podía estar pasando», se repitió renuente a procesar lo que estaba ocurriendo.
Christopher notó su parálisis y la amenaza implícita en aquella simple palabra, por lo que adoptó de inmediato una actitud defensiva y se adelantó para dejar a la mujer de