Era medianoche cuando Eloísa despertó luego de haber sufrido los efectos de aquel calmante. La mujer miró a su alrededor buscando ubicarse sin recordar muy bien lo que había sucedido, sentía un fuerte dolor de cabeza que atravesaba sus sienes.
De esa manera, pasaron los segundos uno a uno, hasta que pudo identificar una silueta. En la habitación donde permanecía, un hombre se mostraba cercano a la ventana, la cual daba al estacionamiento de aquel centro hospitalario.
Ese hombre era Henrick.