Dasha Petrov
Lo sabía.
Alek sabía de mi embarazo y, como lo imaginé, su reacción no fue lo que yo esperaba.
Terminé de bajar las escaleras y continúe caminando dispuesta a salir de la mansión de una vez por todas. Me importaba un carajo la jodida boda, porque mi corazón dolía como los mil demonios y no había nada que pudiera aliviar ese malestar.
—¡Dasha, maldita sea! —el grito de Alek se escuchó por toda la casa, logrando captar las miradas de los empleados que se encontraban cumpliendo con su