Dasha Petrov
—¿Necesita que la ayude en algo más, señorita? —preguntó con amabilidad el chófer y quise llorar al oírlo.
Sí, necesito que me ayudes a aliviar el inmenso dolor que siente mi corazón.
—No, gracias —respondí como pude con un jodido nudo en la garganta.
—¿A qué hora paso por usted? —preguntó nuevamente y miré el centro comercial frente a mí con una leve sonrisa en el rostro.
Él creía que yo venía de compras porque estaba triste, cuando en realidad lo que iba a hacer era esperar q