Dasha Petrov
—Puedo ir sola, Faddei —murmuré con desdén al notar como el susodicho me seguía los pasos por toda la mansión.
—Lo sé, señorita. Pero se me ha dado la orden de que esté con usted en todo momento, yo solo hago mi trabajo.
Entré a la cocina y lo miré venir detrás de mí también, cerré los ojos, respiré hondo y le pedí paciencia a Dios en silencio.
Saludé a varios de los empleados que allí se encontraban y me puse manos a la obra con mi desayuno.
Faddei por su lado se quedó de pie