Elena continuó:
—Si quieres que diga la verdad, tampoco está mal.
—Pero... debes prometerme que me llevarás fuera de Santiago y me darás una gran cantidad de dinero, suficiente para el resto de mi vida.
—Bien.
Una palabra simple dejó a Elena extremadamente sorprendida. No se había dado cuenta de que Juan haría todo esto por Lina.
—Juan, ¿por qué no lo supe antes?
—No hay necesidad de palabras, Elena. Mi paciencia tiene límites.
Pero Elena negó con la cabeza levemente,
—Juan, ¡no soy to