La bulliciosa sala se calmó por el grito de socorro.
—¡Ayuda, alguien, salven a mi hijo!
Lina miró incrédula esta escena. No era la primera vez; Elena volvía a interpretar este acto. ¿Estaba obsesionada con actuar?
Juan, a poca distancia, vio lo que estaba sucediendo. Sus ojos se enturbiaron lentamente mientras se acercaba. Observó a Elena en el suelo.
En ese momento, ya no había tiempo para preguntarle a Elena por qué estaba allí. Ella agarró su mano, con la cara distorsionada por el dolor.