Luis nunca había escuchado a Leandro hablar con tanta seriedad. La despreocupación desapareció instantáneamente de su rostro.
—Jefe, ¿qué ha pasado?
—Salvar a alguien— respondió Leandro con simpleza.
Con solo esas dos palabras, Luis comprendió al instante. Colgó el teléfono y se levantó de inmediato. La bella mujer que estaba detrás de él gritó:
—¡Don Luis, ¿te vas así?
Luis no tenía tiempo para prestar atención. Sin decir nada más y sin importarle las caras coquetas de las mujeres, ordenó que