Aiden
Ella yacía en la cama, su pecho subiendo levemente bajo la fina manta. Su piel estaba pálida, su rostro hinchado, con hematomas que ya florecían sobre sus pómulos y mandíbula, de un púrpura y rojo intensos que sabía que se oscurecerían para la mañana. También había marcas a lo largo de su costado, donde él la había golpeado.
Me senté cerca, con una de sus manos descansando en la mía, flácida y fría mientras la observaba respirar, contando cada subida y bajada.
No podía apartar mis ojos