Aiden
El aire se escapó de mis pulmones mientras sus ojos me miraban, aterrorizados y acusadores.
Me vi a mí mismo en el sótano, inmovilizado, gritando hasta desgarrarme la garganta, suplicando, pero nadie venía.
—De tal palo, tal astilla —la voz de Liam resonó en mi cabeza.
No. No. No. No me parezco en nada a él.
—¿Es esto, Aiden? ¿Vas a violarme ahora?
Sentí como si me clavara una daga en el pecho y la arrastrara hacia abajo.
Me caí de la cama. —No. No quise decir eso. Yo solo—
—¿A dón