Mis ojos tardan en acostumbrarse a la luz.
— ¿Dónde... estoy?
Pregunté con mucha dificultad. Con cuidado moví mi cabeza a un lado viendo así un reloj digital cuadrado, observe la hora y eran exactamente la una de la tarde. Eso fue un detonante.
>> ¡Dios Padre Santo de la Creación! Perdí el día.
Exclamó de golpe mientras me pongo de pie, cosa que fue muy mal haberla hecho porque de inmediato sentí un mareo que me robó hasta los sentidos.
Unos brazos fuertes me sostuvieron impidiendo que me cayer