*—Ezra:
Lo peor ya había pasado.
Aunque el susto estuvo a punto de detenerle el corazón, su alfa había conseguido calmarlo y, gracias al vínculo que compartían, Ezra pudo sentir cómo el alivio iba reemplazando poco a poco al miedo que lo había consumido durante casi una hora.
Cuando se vio solo en aquel restaurante desconocido, sin Dante y sin su teléfono, creyó que iba a sufrir un ataque de pánico. El pecho le oprimía con tanta fuerza que apenas podía respirar y las piernas amenazaban con deja