*—Ezra:
Los días siguientes en París fueron simplemente maravillosos.
Recorrieron la ciudad sin prisas, perdiéndose entre sus encantadoras calles adoquinadas y descubriendo rincones que parecían sacados de un sueño. Desayunaban en pequeños cafés con terrazas llenas de flores, probaban la repostería francesa en distintas pastelerías, almorzaban en acogedores bistros y cenaban en elegantes restaurantes mientras compartían vino y largas conversaciones.
También visitaron museos, cruzaron algunos