*—Ezra:
El vehículo de Dante estaba aparcado en su plaza privada, esa que nadie más se atrevía a ocupar. El guardia abrió la puerta del copiloto en cuanto Dante desbloqueó el todoterreno, y Ezra murmuró un agradecimiento mientras subía. El cierre de la puerta dejó el mundo afuera, convirtiendo la cabina en un pequeño universo donde solo existían ellos dos.
Dante entró por su lado y cuando se sentó, lo miró… y le regaló una sonrisa breve, ladeada, casi perezosa. Apenas un gesto, pero sufic