*—Ezra:
Estuvo un largo momento en los brazos de Dante, siendo reconfortado por el alfa hasta que este lo levantó del suelo. Ezra se aferró a él con desesperación silenciosa, enterrando la cara en su cuello como si ese pequeño gesto pudiera protegerlo del mundo entero.
Dante lo cargó fuera del baño y lo llevó hacia los sofás de la habitación privada, moviéndose con una firmeza que no coincidía con la vibración de dolor que recorría su cuerpo.
—Dame un vaso con agua o hielo —ordenó, sin alzar de