*—Ezra:
Entre su felación y sus caricias, Dante no aguantó mucho. La mano de su alfa viajó hasta su cabeza y la sostuvo con firmeza, impidiéndole apartarse. Al instante, Ezra sintió cómo Dante se entregaba por completo al placer, viniéndose dentro de su boca y llenándolo con su simiente. El aroma a ámbar y canela inundó la habitación, mezclándose con los gemidos roncos que escapaban de sus labios.
Ezra permaneció quieto, disfrutando de la cercanía y de la intensidad del momento mientras Dante t