*—Ezra:
Alzó la cabeza y observó su reflejo en el amplio espejo de cuerpo entero de su habitación.
Lo que vio al otro lado del cristal lo desconcertó por completo.
Durante un largo instante, no se reconoció. Sus mejillas estaban sonrosadas, los ojos brillantes, los labios ligeramente hinchados y la ligera marca de una mordida que ya estaba morada sobre la piel de su cuello eran cosas que Ezra no reconoció en sí mismo. Todo su cuerpo ardía, todavía sensible, como si un fuego interno lo consumier