*—Ezra:
Se despidieron de los empleados con rapidez, quienes respondieron con cortesía, y juntos se dirigieron hacia el ascensor.
Con cada paso que Ezra daba, su cuerpo se volvía más febril, más sensible, como si cada nervio estuviera despierto al mismo tiempo. Sentía los pezones tensarse bajo la tela, endurecidos por el roce constante, su sexo reaccionando sin tregua, y ese temblor persistente en su agujero que no le daba descanso.
Sus feromonas se liberaban sin control, dulces, densas… envol