*—Ezra:
Se había levantado demasiado temprano.
Ezra lo supo en cuanto abrió los ojos y vio el reloj marcar una hora que, en cualquier otro día, habría ignorado con gusto. Intentó volver a dormirse, pero su mente estaba demasiado despierta, vibrando con una energía inquieta que no se parecía en nada al nerviosismo que había sentido otras veces. No era ansiedad. No era miedo. Era una expectativa luminosa, casi ingenua, que le cosquilleaba el pecho.
Su primera cita, aquella que había sido con Mica