*—Dante:
El lugar donde Dominick lo citó resultó ser un restaurante relajado, nada pretencioso ni excesivamente elegante, y Dante lo agradeció en silencio. No estaba vestido para algo demasiado formal y, por una vez, no tenía ganas de aparentar nada. Entró con la naturalidad de quien conoce el sitio y escaneó el lugar hasta dar con los dos hombres.
Los encontró en la terraza, sentados bajo una sombrilla, hablando animadamente.
—Hola —saludó Dante al llegar a su lado.
Ambos levantaron la vista,