—Luana, tú... —Paola se atragantó.
El aire parecía haberse quedado atrapado en su garganta, una sensación asfixiante de quien no puede ni tragarse el orgullo ni escupir la humillación. Esta vez, el tiro le había salido por la culata. Realmente se había metido en la boca del lobo.
Luana se cruzó de brazos con serenidad, lanzando una mirada gélida a su rival.
—Ahora, puedes empezar.
Ante las miradas atentas de todos en la oficina, Luana no tenía la menor intención de facilitar las cosas ni de mant