Al escuchar las insistentes llamadas a la puerta, Helza no respondió de inmediato, sino que miró fijamente a Vivian:
—Vivian, dime de una vez, ¿los dejamos entrar o no?
A Vivian no le importaba si los demás se burlaban de ella o si decían que estaba demasiado apresurada por casarse. Después de todo, ya habían registrado su matrimonio legalmente y eran marido y mujer ante la ley, por lo que era completamente normal que tuviera ansias de ver a su esposo. Así que respondió sin dudar:
—Déjenlos ent