—¡¿De verdad nos van a hacer subir por las escaleras?! ¡¿Veintiocho pisos?!
Marcelo se sentía impotente, pero ¿qué otra opción le quedaba?
—¡Aunque el cielo se caiga, eso no me impedirá casarme! —declaró Marcelo con determinación.
—De acuerdo, ya entendimos.
Sus amigos comenzaron a arremangarse las camisas, luciendo listos para enfrentarse a la extenuante subida. En ese instante, Alessandro intervino:
—¿Por qué tendría que ser un camino directo? Podemos tomar el elevador hasta el piso veintiséi