Vivian le dio las sobras a Vinicius, que se las devoró en un santiamén. Al observar la escena, no pudo evitar esbozar una sonrisa irónica, pensando en lo hipócrita que era él: se quejaba de la «saliva ajena», pero actuaba como un hambriento que no se saciaba con una simple comida congelada.
Después de comer, Vinicius fue a hablar con su novia. Vivian aprovechó el momento para enviar un mensaje a Luana, avisándole de que su hermano por fin había conseguido un trabajo.
Mientras tanto, Luana, que