—¡Alessandro, suéltame! —Luana apretó los dientes, y cada palabra pareció ser exprimida entre ellos.
Alessandro la ignoró y continuó empujándola hacia la terraza del hospital.
Una ráfaga de viento frío sopló, haciendo que Luana temblara, y finalmente se calmó.
—¿Te calmaste? —La voz grave de Alessandro sonó en el oído de Luana, cargando un toque de irritación.
El cuerpo de Luana se tensó por un instante, como si una corriente eléctrica lo recorriera rápidamente.
—Déjame ir —disijo Luana.
Alessa