—Señora, la comida está lista. ¿Le gustaría que se sirva ahora?
Berta lanzó una mirada fría hacia Luana, pensando que, si esa mujer no estuviera allí, ellos podrían sentarse y comer tranquilos en ese instante.
Todo en lo que ella podía pensar en ese momento era en librarse de Luana.
—Se no hay nada más, puedes irte ahora. Estamos a punto de comer —dijo Berta fríamente a Luana.
Ella pensó: «¡Si sabe lo que es bueno para ella, es mejor que se vaya pronto, de lo contrario me veré obligada a expuls