—Matteo, vamos —dijo Lucca, mirando a su hermano y haciéndole una señal para que lo siguiera.
Aunque Matteo estaba triste, siguió a Lucca y Mia con sus pequeñas piernas regordetas.
Alessandro escuchó los pasos de su hijo alejándose cada vez más, hasta que el silencio dominó el pasillo.
Al igual que aquel sonido que desaparecía poco a poco, su relación con los niños parecía desvanecerse.
Gracias a Luana, ellos se habían acercado.
Pero ahora que el vínculo con ella se había roto, ya no tenía ning