Alessandro frunció el ceño, y su tono estaba lleno de desagrado. Su aura cambió instantáneamente, pasando de ser gentil a completamente fría.
—Acabas de salir de la mina; tus signos vitales todavía no se han estabilizado.
—¡No tengo tiempo! —respondió Luana.
Intentó apartar la mano de él, pero Alessandro la sujetó con firmeza, reteniéndola con una fuerza que parecía unir piel y huesos.
—¡La familia Curie no te pertenece solo a ti! ¿Por qué siempre actúas así? ¿De verdad crees que nada funciona